Una selección de fragmentos de otros libros y poemas a los que se hace referencia en El bosque de los corazones dormidos:
Gustavo Adolfo Bécquer. Rimas y leyendas
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.
El Monte de las Ánimas
Como enjambre de abejas irritadas
de un oscuro rincón de la memoria
salen a perseguirme los recuerdos
de las pasadas horas.
Yo los quiero ahuyentar. ¡Esfuerzo inútil!
Me rodean, me acosan.
Rima LXIII
Dices que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos.
Eso no es corazón…; es una máquina,
que, al compás que se mueve, hace ruido.
Rima LXXXI
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…, desengáñate,
nadie así te amará.
(fragmento) Rima III
La miel y otros derivados de la abeja. Laura Torres
Laura Torres. La miel y otros derivados de la abeja.
Las abejas tienen un sexto sentido que les hace detectar con exactitud el lugar donde hay dolor en el interior de nuestro cuerpo. Por eso, son ellas las que deciden picar si saben que ayudarán al paciente. Cuando lo hacen, saben con antelación que morirán. Por eso, sólo dan su vida si detectan anomalías que ellas pueden curar. Nunca se equivocan.
Inmediatamente después de la picadura, el enfermo nota cómo el veneno de la abeja viaja en dirección a la zona exacta donde el organismo lo requiere.
Ilustraciones: Luis Tinoco
Diseño Web: Blanca Vazquez